Psicología, Web

¿Te cuesta pedir perdón?

Primera parte…

¿Por qué nos cuesta tanto pedir perdón?

Pedir perdón es algo sencillo. Basta con decir tan solo una o dos palabras: perdón, perdona, lo siento, disculpa… Pero las implicaciones que conlleva dicha acción quizá son más complejas de lo que parece a primera vista.

Creo que casi todo tiene que ver con que pedir perdón significa admitir que te has equivocado, que hiciste algo mal. Y eso es algo que choca frontalmente con el orgullo, una de las características humanas que probablemente más problemas nos trae.

Ya lo decía Fray Enrique Domingo Lacordaire: “El orgullo divide a los hombres, la humildad los une“. Al pedir perdón, por tanto, estamos mostrando nuestra faceta más humilde, esa que nos hace parecer más débiles y más inocentes. Pero que también nos convierte en seres más amables y más íntegros, y nos engrandece personalmente porque vemos que nuestra acción revierte positivamente tanto en nosotros como en los demás.

Si cuando cometemos un error, no somos capaces de reconocerlo y pedir disculpas, estaremos cometiendo dos errores. Y, además, estaremos mintiendo y, quizá, las consecuencias de nuestro error las esté sufriendo alguien inocente.

Pero, es que todos nos equivocamos. Todos cometemos errores. No pasa nada. Se intenta solucionar y listo. Y, la próxima vez, tenemos más cuidado.

¿Por qué, entonces, nos cuesta tanto pedir perdón?

Consejos para pedir perdón

Como bien saben muchos, una cosa es pedir perdón y otra muy distinta es saber perdonar. Aquí van algunos consejos para lo primero.

  1. Admitir el error. Lo más importante es ser conscientes de que hemos cometido un error.
  • No poner excusas. Aunque realmente tengamos buenas excusas que argumentar en nuestro favor, es mejor asumir la responsabilidad del error independientemente de lo que lo hubiera causado. Es decir, concentrémonos en solucionar el error, no en buscar culpables.
  • No esperar a que sea demasiado tarde. Es preferible que seamos nosotros los que alertemos del error cometido a que sean los demás los que lo descubran. En tal caso, parecería que tratábamos de encubrirlo y el problema parecerá mayor de lo que era en un principio.
  • Encontrar soluciones. Tampoco es válido admitir el error sin más. Lo mejor es ofrecer soluciones para remediarlo.
  • Aprender de los errores. Se puede aprender mucho de los errores. No desperdiciemos la oportunidad y tratemos de obtener ideas que nos ayuden a mejorar.

Continuará…

Virginia Barba-Servicio de Psicología

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