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La meditación vista desde la Neurociencia

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La meditación vista desde la Neurociencia

Posted by DanielTejedorPardo

 Durante las últimas décadas, occidente se ha interesado fuertemente por la cultura oriental y sus costumbres. Como no podía ser de otra manera, gran parte del interés se ha centrado en el yoga. A pesar de lo que se pueda pensar coloquialmente, el yoga es mucho más que la “simple” realización de movimientos armónicos. Y es definido como:

“Disciplina tradicional física y mental que se originó en la India. La palabra se asocia con prácticas de meditación en el hinduismo, el budismo y el jainismo.”

¿Sirve realmente la meditación, o es “un cuento chino”? ¿Qué evidencias científicas hay?  ¿Qué capacidades se ven mejoradas y cómo se estudian dichas mejoras? 

Tipos de meditación

De forma un poco general, pero didáctica para entender un poco los tipos de meditación, podemos distinguir entre:

  • Meditación basada en la concentración:Caracterizada por dirigir la atención a un determinado elemento u objeto (una vela encendida, un sonido uniforme, un jarrón…)
  • Meditación de conciencia plena o Mindfulness:Centrada en observar desde una posición distanciada los pensamientos y sentimientos que aparecen de forma espontánea, intentando así, no valorarlos.

En ambos casos, se está ejercitando la capacidad de atención, la diferencia estriba en el objeto atendido. De este modo, la persona que lo práctica se sitúa en el aquí y en el ahora, aceptando con serenidad lo que ocurre en su interior.

Así pues, los dos componentes principales son:

La autorregulación, ya que el sujeto debe mantener y redirigir (en el caso de que se desvíe) la atención al objeto atendido. Además de tener que evitar valorar los sentimientos y emociones que le puedan asaltar, limitándose simplemente a contemplarlos, sin evaluarlos.

La orientación hacia la experiencia, es decir, el meditador debe estar abierto, predispuesto y tener curiosidad, por los procesos mentales que van surgiendo dentro de sí mismo. También se debe predisponer una tolerancia frente a las emociones negativas evitando las reacciones inmediatas que estas deben suscitar.

En definitiva, el resultado que se busca es la capacidad de contemplación libre de prejuicios, evitando así caer en los trajines cotidianos y la emisión de juicios precipitados sobre uno mismo y sobre el mundo, consiguiendo ampliar la visión hacia todo lo que nos envuelve.

Experimentos con el test de parpadeo de la atención

En el 1992, un grupo de investigadores encabezados por la psicóloga Jane E. Raymundde la Universidad de Bangor, pretendían investigar si la meditación favorecía la capacidad de atención visual. Para comprobar esta hipótesis, crearon el interesante test del parpadeo de la atención. El proceso llevado a cabo durante el test consiste básicamente en:

Al sujeto se le muestra en el medio de una pantalla, una sucesión muy rápida de letras, una tras otra. En algunos momentos, dentro de dicha sucesión aparecen  de uno en uno, dos números, entre los que también pueden aparecer otras letras. Previamente al sujeto se le ha pedido que intente captar los números que pueden aparecer. Por ejemplo: o-p-q-r-2-g-v-4-y-h-j. Pero lo más importante es que, cuando la distancia en segundos entre los dos números no supera el medio segundo, la mayoría de sujetos que realizan la prueba, no son capaces de ver el segundo número de la lista.

Cuando se repitió el experimento con sujetos que habían recibido durante un largo periodo de tiempo instrucción en meditación (3 o 4 meses, 10-12 horas diarias) estos, eran capaces de reconocer el segundo número la mayoría de veces.

También se han realizado otros estudios investigando como influye la edad junto con la meditación en la capacidad visual. Uno de estos estudios fue el dirigido por la psicóloga Sara van Leeuwen, de la Universidad de Goethe, junto con algunos científicos del instituto Max Planck. Los resultados que se obtuvieron fueron:

  • Como era de esperar, comparando a un grupo de jóvenes (media de edad = 24 años) con un grupo más mayor (media de edad = 50), los jóvenes obtuvieron mejores resultados.
  • Pero después se comparó dos grupos parecidos a los anteriores (24 y 49 años respectivamente), con la diferencia de que el grupo de 49 años estaba compuesto por meditadores experimentados. En este caso el grupo de 49 años, consiguió igualar o incluso mejorar los resultados del grupo de 24 años.

Explicación Neurológica del parpadeo atencional

Posteriormente se ha analizado, mediante el estudio de las ondas electroencefálicas (obtenidas obviamente con un Electroencefalograma o EEG), qué ocurre en nuestro cerebro durante este efecto llamado “parpadeo atencional”.

Monje budista meditando  haciendo uso de un electroencefalograma.

Cuando la primera cifra aparece en la pantalla, el electroencefalograma registra las curvas que manifiestan que el cerebro está reaccionando. Pero en el caso de las personas que practican la meditación, estas curvas son menores, y se estabilizan más rápidamente que en las personas que no la practican (grupo control). Esto se traduce en que, el grupo de meditadores recupera el nivel de atención inicial (previo a la aparición del primer número) mucho antes que el grupo control, y por tanto, está capacitado para focalizar la atención de nuevo, percibiendo así el segundo número.

                        El cerebro en reposo

La actividad cerebral en reposo, es aquella que surge de forma espontánea, en segundo plano cuando no nos hayamos concentrados en ninguna tarea. Durante este proceso (estudiado especialmente por el neurólogo Marcus Raichle, de la Universidad de Washigton) una compleja red de regiones, y especialmente la corteza prefrontal y el giro cingulado, comienzan a consumir una gran cantidad de oxígeno.

¿Por qué  hace esto nuestro cerebro?

Pues bien, nuestro cerebro lleva a cabo estos incesantes ejercicios mentales (repasar acontecimientos, imaginar posibles escenas futuras…) para prepararnos para el futuro; pero son justamente este tipo de cavilaciones, las que la meditación intenta disminuir, para poder vivir más en el presente temporal y espacial.

Experimentalmente, se ha comprobado que la práctica de la meditación posibilita la  reducción de la actividad cerebral durante el estado de reposo, especialmente en la corteza prefrontal y el giro cingulado.


La empatía en los meditadores

Se sabe por numerosos estudios, que la ínsula juega un papel fundamental a la hora de reconocer los propios sentimientos  y a su vez, como se sabe desde hace poco, este aspecto mejora con la práctica de la meditación a largo plazo. Asimismo, la capacidad de reconocer los propios sentimientos es clave para la capacidad de empatizar con los demás.

Estudios realizados por Antoine Lutz y colaboradores, en la Universidad de Wisconsin-Madison, demostraron mediante la comparación de dos grupos (uno de meditadores experimentados y otro de no-experimentados), que cuanto más experimentados eran los meditadores la ínsula se activaba con más intensidad, una intensidad mucho mayor al segundo grupo, de no-experimentados.

Para realizar este experimento, a los sujetos se les hacía escuchar sonidos (la risa de un bebe, los llantos de otra persona…) mientras permanecían tumbados en un tomógrafo encargado de registrar la actividad cerebral. Los resultados de este experimento apoyan la hipótesis inicial de que los meditadores expertos, tienen una mayor capacidad de empatía, aunque se deban continuar haciendo investigaciones al respecto. 

¿Cómo se pueden entender, de forma general, los procesos que permiten que la meditación, a través de un estado de concentración y control del pensamiento, consiga estos cambios neurológicos en las personas practicantes?

La respuesta es sencilla: Plasticidad cerebral2. Entender la respuesta, no tanto.

Básicamente, la plasticidad cerebral se basa en que, mediante el uso, y en especial el uso intenso, de determinados circuitos neuronales, estos quedan reforzados, facilitando su activación futura. Esto se debe a que mediante el uso prolongado de cualquier “camino” neuronal, se crean nuevas conexiones neuronales a la vez que se refuerzan las ya existentes.

De una forma aún más simple se puede explicar cómo: La capacidad que tiene el cerebro, para “mejorar” los “caminos” neuronales que normalmente se activan.

De este modo, cuando una persona se encuentra en estado de meditación, por ejemplo concentrándose en analizar sus sentimientos sin entrar a evaluarlos, es decir, evitando darles una carga emocional, facilita que posteriormente, en la vida cotidiana, la persona sea capaz de entender sus emociones, y actuar de forma más consciente y menos impulsiva.

Meditación y Neurociencias

meditacion y neurociencias

Que los estados mentales son estados cerebrales parece poco discutible: nuestras actividades mentales sólo son funciones cerebrales, redes neuronales. El dualismo mente-cuerpo, además de carecer de apoyo empírico, es una hipótesis que va contra la regla de oro del método científico: no multiplicar innecesariamente los entes, las causas, para explicar los fenómenos. Nuestra mente es la función de un órgano, de un sistema, el cerebro.

Las resistencias dualistas proceden tanto de las viejas creencias religiosas y metafísicas como de la experiencia cotidiana subjetiva. Como somos conscientes de nuestras ideas y sensaciones, pensamos que tienen algún tipo de realidad ajena a lo material. Nos resulta muy extraño comprender que el significado de una palabra, una imagen o un recuerdo sólo sean conexiones sinápticas. Cuestión de perspectiva. Cuestión de tiempo. Hace siglos se consideraba ridículo defender el heliocentrismo porque parecía obvio que no nos movíamos.

En pocas décadas estas resistencias dualistas están cediendo. O los dualistas se han convencido de su error o han desarrollado una versión sofisticada que encaje con las investigaciones actuales de la neurociencia. Esta versión diría que el cerebro y el alma trabajan en paralelo, o algo parecido. Así que en la práctica habría que explorar el cerebro, sea uno materialista o dualista sofisticado.

Hace décadas que estudiamos la localización de las funciones mentales básicas, como el lenguaje, el razonamiento, la percepción o la memoria. Los daños en un área determinada del cerebro implican el mal funcionamiento de una o varias operaciones mentales. Las lesiones han revelado mucha información. Al mismo tiempo, la aplicación de técnicas de neuroimagen nos muestra qué estructuras están activadas mientras ejecutamos una tarea. La precisión de estas técnicas nos ofrece la posibilidad de analizar procesos complejos.

Las aplicaciones de los descubrimientos de las neurociencias a la educación son cada vez más frecuentes. Como ha ocurrido siempre en la ciencia, las ideas útiles pueden venir del campo menos pensado. En la revista Investigación y Ciencia (enero 2015), aparece publicado un artículo titulado “En el cerebro del meditador”, escrito por Mathieu Ricard, monje budista con formación en biología celular, Antoine Lutz, investigador en neurobiología de la meditación, y Richard J. Davidson, experto en neuroimagen y comportamiento. Los autores han estudiado los cambios cerebrales que producen la contemplación y las técnicas de meditación.

En 2005 el líder del budismo tibetano fue invitado por la Sociedad de Neurociencia para dar un discurso en su reunión anual, en Washington D.C. Aunque muchos científicos protestaron, el dalái lama planteó una pregunta muy interesante. “¿Qué relación podría haber entre el budismo, una antigua tradición filosófica y espiritual de la India, y la ciencia moderna?”. Ya con anterioridad había promovido la creación del Instituto de Mente y Vida, dedicado al estudio de la ciencia contemplativa. Y el año 2000 propuso a los científicos que analizaran la actividad cerebral de los meditadores budistas expertos.


Los ejercicios de meditación 
parece que aportan beneficios: ayudan a reducir el estrés, la depresión, o el dolor crónico. La meditación proporciona tranquilidad y sensación de bienestar general. Los escépticos siempre han dudado de los efectos reales de estas técnicas espirituales. Ahora, con la comparación de la actividad cerebral de meditadores expertos y no meditadores, los científicos han podido constatar los cambios fisiológicos concretos que produce la meditación: reorganiza las conexiones de los circuitos cerebrales.

En el artículo se mencionan tres formas de meditación: atención focalizada, consciencia plena y compasión. Estos tipos de meditación son practicados, nos dicen, en colegios y hospitales de todo el mundo. Los investigadores han analizado los estados cerebrales asociados al ejercicio de atención focalizada, que consiste en centrar la mente en la respiración, evitando la distracción. En el proceso intervienen diferentes áreas de la corteza prefrontal medial, del giro cingulado posterior, etc. El resultado obtenido es claro: los meditadores expertos mostraban una mayor actividad en esas zonas que los novatos. Pero los más experimentados de todos exhibían un poco menos de actividad que los expertos. Esto significa que sus redes neuronales pueden ejecutar la tarea con menos esfuerzo, de forma más automática.

También analizan los efectos de la consciencia plena, que consiste en desarrollar un estado mental “que responda de forma menos visceral a las emociones, pensamientos y sensaciones.” Los sujetos que practican este tipo de meditación mejoran en el proceso de la atención sensorial. Si te muestran dos estímulos muy seguidos, al fijarte en el primero ya no percibes el segundo. Los que han meditado sí consiguen ver el segundo. Se modifica la intensidad de la respuesta al primer estímulo. Esta distribución de la atención es útil para los tratamientos del dolor.

Por último, el estudio de los efectos neuronales de la tercera forma de meditación, la compasión y la benevolencia, revela que los meditadores expertos presentan mayor actividad cerebral en las áreas encargadas de la empatía, las cortezas somatosensorial e insular. Puede ser muy interesante para la educación saber cómo mejorar el control de la atención y la empatía.

Por Juan Carlos González García

Publicado por Denkô Mesa

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